Del arte de escribir oficios

Escribir oficios es una actividad poco valorada que, usualmente, los jefes delegan a otras personas. Así, los oficios son vistos como una árida actividad que no merece la atención de personajes distinguidos, quienes sólo esperan que ya estén listos para estampar en ellos su poderosa firma. Sin embargo, a pesar del desprecio de que son víctimas, escribir un oficio es una difícil tarea cuya dificultad aumenta ante la poca consideración en que se tienen (es poco común que un jefe dé suficiente tiempo para escribirlos): como si hacerlo fuera tan rutinario como pasar una llamada, concertar una cita o, más preciso, pasar un recado.

Creo que la redacción de oficios merece atención no sólo porque de ellos depende parte del éxito de una oficina, sino también porque se trata de un tipo de texto que, por sus características, pone en juego tres elementos cuyo dominio es común de toda buena literatura. Primero: exposición clara del asunto. Se dice fácil, pero poner en el papel lo que estamos pensando es una habilidad amarga y rigurosa, que produce más frustraciones que alegrías y cuyos fracasos nos hacen sentir verdaderamente inútiles y molestos, como si ni siquiera fuéramos capaces de ponernos de acuerdo con nosotros mismos. Segundo: hablar en nombre de alguien más; en suma, tener noción de lo que significa la “narratología”. Esta característica se complica con el punto anterior, pues quien redacta un oficio debe no sólo asumir la voz de su jefe, sino también plasmar con claridad lo que su jefe está pensando. Y tercero: ser efectivo; es decir, convencer, lo cual nos pone ante la mismísima tarea de organizar un discurso (que, a su vez, complica la exposición clara del asunto). Lo instantáneo y efímero de la lengua hablada tiene su contraparte en la lengua escrita, donde de pronto, y muy malacostumbrados, nos vemos en el entredicho de ponderar qué decir primero y qué decir después. ¿Qué pasa si invierto el orden y digo primero lo segundo y segundo lo primero? ¿Qué efecto produce? ¿Cuál es el más efectivo? Etcétera.

Así, sirvan estas líneas para elevar el estatus de todos aquellos que nos hemos y nos seguiremos viendo ante la ingrata obligación de redactar oficios. Oficios que no dejarán de ser urgentes y de cuya buena resolución dependerá que nuestros jefes no pierdan el tiempo en los laberínticos escollos de la sintaxis y la ortografía. Paradójicamente, mientras menos atención les pongan, significará que mejor estamos haciendo nuestro trabajo. Ingrato público. Tal vez un día nazca un nuevo Gogol que inmortalice nuestras cuitas.

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3 respuestas a Del arte de escribir oficios

  1. estanislaope dijo:

    me imagino una reunión entre jefes sin otra comunicación previa más que los oficios que se intercambian sus oficinas. Debe ser un encontronazo tipo amor de twitter.

    • … donde además, para hablarse entre ellos usaran sólo estas frases hechas tan características de los oficios: “sirvan estas palabras para expresarle mi reconocimiento…”, “antes que nada, aprovecho esta ocasión para saludarlo…”. Y al final de la reunión: “sin más por el momento, me despido”.

  2. Con el objetivo de compilar un catálogo de frases hechas características de los oficios, abro esta lista, que podrá irse alimentando con el paso de las jornadas laborales:

    1. A través de este conducto me permito hacer de su conocimiento
    2. Aprovecho la ocasión para reiterar a usted las seguridades de mi más alta y distinguida consideración.

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